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Parashá Ha'azinu: La violencia como forma de protección
En la parashá de esta semana, al llegar a su fin el libro de Devarim, Moisés pronuncia su discurso o canto de despedida ante el pueblo de Israel, conocido como Shirat Ha’azinu (שירת האזינו). En el canto, repasa la historia de la relación del pueblo judío con Dios y les advierte de todas las cosas terribles que les sucederán si abandonan a Dios.
Tras el episodio del becerro de oro, y ante la previsible posibilidad de que los israelitas adoptaran a los dioses indígenas de la tierra de Canaán, esto era absolutamente necesario. En aquel momento, el pueblo era muy propenso a sustituir a Dios por falsas deidades, lo que, entre otras cosas, provocaba los celos de Dios, tal y como se expresa en el texto. Una gran parte del Shirat Ha’azinu es una cita de Dios, en la que explica lo beneficioso que es tener a Dios de su lado y lo que Dios hará con los enemigos del pueblo judío. He aquí un extracto:
«Empaparé mis flechas de sangre, y mi espada devorará la carne, de la sangre de los muertos y los cautivos, desde la primera brecha del enemigo».
Esto tiene un carácter muy violento. Dios recurre a la violencia en numerosas ocasiones en la Torá: las plagas, Sodoma y Gomorra, Nadav e Avihu, por citar solo algunos ejemplos. ¿Por qué se vuelve Dios tan violento? ¿Por qué es Dios tan cruel? ¿De dónde proviene esta crueldad?
Un elemento central de Ha'azinu es un conjunto de diferentes formas metafóricas y simbólicas de contemplar a Dios. A través del prisma de esas metáforas, debería resultar más fácil comprender la violencia de Dios y la razón que la motiva. La más destacada de ellas es la de Dios como la roca («roca poderosa» en algunas traducciones), que significa cosas diferentes en distintos contextos. Por un lado, Dios es una roca en el sentido de ser inamovible y recto, concretamente como fundamento central del universo. Esta roca es la fuente de la justicia y, como tal, utiliza la violencia no con crueldad, sino para hacer valer la justicia y la verdad.
Además, Dios es una roca, un firme protector de su pueblo, tal y como se describe en los Salmos: «Oh Señor, mi roca, mi fortaleza y mi salvador [...]» (Salmo 18:3). La protección es una de las principales motivaciones de la violencia de Dios. Como Roca, esto es para el pueblo judío en su conjunto, en el sentido militar de la protección. En el poema, Dios es también un águila que cuida de sus polluelos. En este caso, Dios ofrece un tipo diferente de protección, más personal y primitiva. Al igual que una águila salvaje está dispuesta a hacer todo lo posible para proteger a sus crías, Dios hace lo mismo, con la misma pasión brutal.
En «Haazinu», Dios es también un padre y una madre que da a luz, lo que ofrece una explicación a las medidas disciplinarias de Dios. Al igual que un padre ama a su hijo y lo disciplina (esperemos que no mediante la violencia) como forma de educarlo y demostrarle su cariño, también Dios disciplina al pueblo de Israel (no siempre mediante la violencia) para mantenerlo en el buen camino.
Sigue sin resolverse la pregunta de por qué Dios recurre a la violencia en tantos casos. Ya sea en nombre de la justicia, la disciplina, la protección o cualquier otro fin justificado, ¿por qué la violencia? Al comienzo de «Shirat Ha’azinu», Moisés afirma que Dios es perfecto, una creencia fundamental del judaísmo, lo que significa que Dios siempre tiene la razón, incluso cuando recurre a la violencia y a lo que parece ser despiadado y cruel. En el mismo discurso, se menciona la ira de Dios de formas muy variadas. Para el judío moderno, que un Dios perfecto sea vengativo, celoso y colérico es una idea contradictoria; sin embargo, en el contexto de los tiempos bíblicos, probablemente no lo era. Lo que a nosotros nos parece una maldad innecesaria era, de hecho, lo que la gente de entonces necesitaba. Era la forma de acercar a un pueblo muy imperfecto a la rectitud y la justicia, y la única forma en que habrían escuchado. Volviendo al becerro de oro, es importante que no olvidemos que surgió mientras el pueblo esperaba un mensaje prometido de Dios. Incluso esa esperanza, a pesar de que acababan de ser liberados, seguía sin ser suficiente. Los métodos severos de Dios eran una forma premeditada y calculada de llegar a una nación que en aquel momento necesitaba guía y ayuda. Entonces, ¿por qué recurre Dios a la violencia? Porque con nosotros, al menos históricamente, es lo que funciona.
Shabat Shalom,
Samuel Mishkin, BBYO
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